El Jardín de las Delicias ha celebrado su primera edición en Sevilla con Sebastián Yatra, Álvaro de Luna y Siloé entre otros artistas

Sevilla tiene un nuevo jardín en el que perderse entre canciones, luces y seres fantásticos. El pasado sábado 17 de octubre, Jardín de las Delicias salió por primera vez de Madrid para aterrizar en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), donde la música se convirtió en la gran protagonista de una jornada que reunió a cerca de 20.000 asistentes. Ni el calor de las primeras horas ni la lluvia que apareció al caer la noche consiguieron frenar las ganas de cantar de un público que hizo suyo este estreno desde el primer momento.

A las 13:30 horas, el recinto comenzaba a llenarse mientras el escenario Endesa daba la bienvenida a los primeros asistentes. Q2 fue el encargado de romper el hielo con su propuesta de pop urbano, poniendo las primeras canciones a una tarde que todavía tenía muchas sorpresas reservadas. Después llegaron Hermanos Martínez, que cambiaron el ritmo con su pop festivo y consiguieron que el público empezara a soltarse entre bailes y estribillos compartidos.

Jardín de las Delicias Sevilla

La tarde avanzaba y el jardín iba adquiriendo su propia personalidad. Tu Otra Bonita puso las guitarras en primer plano con la presentación de Puta vida, mientras las distintas criaturas y personajes creados por Pablo Méndez recorrían el recinto. Porque aquí no todo sucede frente al escenario: basta con darse una vuelta para encontrarse con alguna de las performances que convierten el festival en algo más que una sucesión de conciertos.

Con Hey Kid, el público empezó a demostrar que había llegado dispuesto a dejarse la voz. Canciones como Lo que haga falta y Noche de San Juan transformaron su actuación en uno de esos karaokes colectivos en los que las letras terminan sonando tan fuerte entre la gente como desde el propio escenario. Marlena recogió después el testigo con un directo marcado por la complicidad entre ambas artistas y una conexión con los asistentes que volvió a demostrar la fuerza de sus canciones en directo.

Pero si algo caracteriza a un festival es su capacidad para sorprender cuando menos te lo esperas. A las 20:15 horas, Siloé apareció por sorpresa en el stand de Johnnie Walker para ofrecer un pequeño concierto a escasos pasos del público. Sin la distancia habitual que separa a los artistas del escenario, la banda protagonizó uno de esos encuentros inesperados que convierten una jornada de festival en una experiencia diferente. Una primera aparición que, además, no sería la última.

Poco después, Taburete se adueñó del escenario principal con la energía de una banda que sabe cómo convertir sus conciertos en una celebración colectiva. Con El perro que fuma como parte de su nueva etapa musical, el grupo madrileño desplegó un directo contundente, acompañado por una banda que dio todavía más fuerza a sus canciones. La lluvia comenzó a hacer acto de presencia, pero las miles de manos levantadas y las voces que acompañaban cada tema terminaron robándole protagonismo al cielo.

Jardín de las Delicias Sevilla

Y entonces llegó uno de los nombres más esperados de la jornada. Sebastián Yatra apareció en Sevilla para poner el toque internacional a esta primera edición. Su actuación comenzó desde un lugar más íntimo, con el protagonismo de los arreglos acústicos y una cercanía que permitió disfrutar de otra faceta del colombiano. Sin embargo, la calma duró poco: cuando llegaron sus temas más bailables, el recinto se convirtió en una auténtica fiesta. El público respondió a cada cambio de ritmo en uno de los momentos más celebrados de la noche, pasando de la emoción al baile sin necesidad de elegir entre ambos.

La noche todavía guardaba otra oportunidad para reencontrarse con Siloé. Esta vez, la banda regresó al escenario principal con su espectáculo completo y volvió a poner de manifiesto la intensidad de su directo. Después de la sorpresa de la tarde, el grupo pudo desplegar su propuesta ante todo el recinto, con un público que respondió a la altura de una de las actuaciones más destacadas de la jornada.

Cuando parecía que el jardín había vivido ya todas sus transformaciones posibles, Álvaro de Luna apareció dispuesto a despedir la primera edición sevillana por todo lo alto. Antes de comenzar, un telón con los títulos de algunas de las canciones que han marcado su trayectoria anticipaba lo que estaba por venir. Su caída dio paso a una entrada triunfal y a un repertorio repleto de temas reconocibles, de esos que encuentran rápidamente su sitio entre las voces del público.

Jardín de las Delicias Sevilla
Jardín de las Delicias Sevilla
Jardín de las Delicias Sevilla

Fue el broche final para una jornada que había comenzado bajo el sol y terminó entre la lluvia, con la música como hilo conductor de una experiencia que fue mucho más allá de los conciertos. Entre actuación y actuación, Óscar Martínez, DJ de Los 40, mantuvo vivo el ambiente con una selección de pop-rock e indie, mientras las criaturas de Pablo Méndez seguían apareciendo entre los asistentes, convirtiéndose en protagonistas de fotos, vídeos y recuerdos.

Después de siete ediciones con entradas agotadas en Madrid, Jardín de las Delicias ha encontrado en Sevilla un nuevo escenario para extender su universo. La elección no resulta casual: la provincia andaluza es la que más asistentes aporta cada año a la cita madrileña. Esta vez, el público no tuvo que desplazarse hasta la capital para disfrutar de una propuesta que combina música en directo, imaginación y una puesta en escena que busca sorprender en cada rincón.

Jardín de las Delicias Sevilla

La primera edición sevillana cerró sus puertas después de reunir a miles de personas alrededor de la música. Y aunque el último concierto ya había terminado, quedaba la sensación de haber estrenado un nuevo lugar al que acudir para cantar, bailar y dejarse llevar.

Porque hay festivales que se recuerdan por sus artistas y otros por todo lo que sucede entre canción y canción. En su primera visita a Sevilla, Jardín de las Delicias quiso demostrar que ambas cosas pueden convivir en un mismo espacio. Y, al menos durante una jornada, el CAAC se convirtió en ese jardín donde la música consiguió que nadie quisiera marcharse antes de tiempo.