Amaia Montero junto a La Oreja de Van Gogh vuelve a conquistar Málaga con un viaje por tres décadas decanciones y un guiño al Málaga CF
Hay conciertos que se disfrutan y otros que se viven. El del pasado sábado en Marenostrum Fuengirola perteneció, sin duda, a la segunda categoría. La Oreja de Van Gogh regresó a la Costa del Sol dentro de su gira Tantas Cosas que Contar, la primera tras el esperado regreso de Amaia Montero, y lo hizo ante un recinto completamente entregado que convirtió cada canción en un enorme karaoke frente al Mediterráneo. Más de dos horas de música, recuerdos y emoción demostraron que, treinta años después de su nacimiento, el repertorio del grupo sigue formando parte de la banda sonora de varias generaciones.
Con el Castillo Sohail iluminando el fondo del escenario y el mar como telón natural, la banda apareció entre una gran ovación. Desde los primeros compases quedó claro que el protagonista de la noche no era únicamente el regreso de Amaia, sino el reencuentro de miles de personas con canciones que han acompañado toda una vida. La producción, sobria pero elegante, apostó por grandes pantallas, un cuidado juego de luces y una realización que permitió seguir cada detalle del concierto desde cualquier punto del recinto.
El repertorio recorrió prácticamente todas las etapas del grupo. Clásicos como Cuídate, París, 20 de enero, Puedes contar conmigo o La Playa fueron sucediéndose mientras el público respondía cantando de principio a fin, muchas veces dejando que fuera la propia audiencia quien completara los estribillos. El ambiente fue creciendo canción tras canción hasta convertir el recinto en una sola voz.
Uno de los momentos más especiales llegó cuando Amaia quiso detener el concierto durante unos instantes para conectar con el público malagueño. La cantante felicitó al Málaga CF por su reciente ascenso a Primera División, un gesto que provocó una sonora ovación y el inmediato estallido de aplausos en todo Marenostrum.
La cercanía volvió a ser una de las señas de identidad del grupo. Entre canción y canción hubo tiempo para agradecer el cariño recibido desde el anuncio de esta nueva etapa y para recordar la enorme ilusión con la que estaban viviendo una gira especialmente significativa para la banda. Lejos de limitarse a interpretar un repertorio de éxitos, el concierto respiró constantemente un ambiente de celebración compartida entre artistas y público.
El tramo final concentró algunas de las canciones más esperadas. Cada acorde encontraba una respuesta inmediata entre los asistentes, que apenas dejaron de cantar durante todo el espectáculo. La emoción alcanzó su punto más alto cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de Rosas, convertida desde hace años en uno de los grandes himnos del pop español. Miles de teléfonos iluminaron la noche mientras las voces del público prácticamente cubrían la del escenario en una imagen que resume perfectamente lo que representa La Oreja de Van Gogh para varias generaciones de seguidores.
Con una última ovación y el público todavía coreando el nombre del grupo, la banda se despidió de Fuengirola dejando la sensación de haber vivido mucho más que un concierto. Fue un recorrido por treinta años de canciones que siguen intactas en la memoria colectiva, el reencuentro de Amaia Montero con un público que llevaba mucho tiempo esperando este momento y una noche en la que la música volvió a demostrar su capacidad para unir recuerdos, emociones y celebración. Marenostrum sumó así otra cita inolvidable a un verano que continúa consolidándolo como uno de los grandes escenarios musicales del país.